Reflexiones

Barro...y nada más
Barro...y nada más

"...He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel." Jer. 18:6

Barro, nada más que barro. Esta es la realidad del hombre. Más allá de su posición social, situación económica, estirpe, fama o poder que ostente. Es simplemente BARRO.

Barro deformado completamente por el pecado. No hay belleza en él, ni atractivo ante los ojos de Dios. Mientras permanezca en el lodazal del mundo seguirá siendo una estructura opaca, desdibujada e inservible.

Su única esperanza son las MANOS DEL ALFARERO. Sólo él puede hacer la diferencia. El barro debe rendirse y entregarse completa e incondicionalmente en LAS MANOS DEL ALFARERO. El está dispuesto a CONVERTIR y TRANSFORMAR ese barro deforme en un vaso para honra, santificado y útil a Sus propósitos.

EL ALFARERO es SOBERANO para hacer con el barro lo que él deseé. Lo que si se puede asegurar es que el producto terminado será maravilloso, su belleza no se marchitará con el paso del tiempo, puesto que permanecerá para siempre. No se parecerá en nada a la materia prima inicial. Esto no se deberá al barro ni en un mínimo porcentaje, sino a LAS GLORIOSAS MANOS DEL ALFARERO, SU PERFECTO PLAN concebido en su PERFECTA SABIDURÍA, y a su PERFECTA OBRA DEFINITIVA Y SUFICIENTE.

Toda la gloria será para EL ALFARERO, todo el beneficio para el barro.

doulos

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Esclavo...al fin y al cabo
Esclavo...al fin y al cabo

"¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?"

Ro. 6:16

La libertad es el gran slogan de cada campaña política, la declaración de principios de la Carta Magna de cada país, la gran oferta del sistema económico y la panasea de la religión humanista. El hombre dice vivir en un mundo libre, declara orgulloso su libertad como un hecho. Esta es precisamente la gran tragedia del ser humano, puesto que su aparente libertad no es más que una ilusión. El hombre libre no es más que un esclavo de su propia libertad.

La esclavitud es la verdadera condición del hombre. La solución, por tanto, no está en buscar ser libre, sino en decidir quien va ser su amo. O, dicho de otra forma, de quien va a ser esclavo. Esto dependerá de a quien está dispuesto a someterse incondicionalmente. El sometimiento requiere, por parte del que se somete, renuncia, rendición y obediencia. Renuncia a todos sus derechos, rendición total a la autoridad de su amo y obediencia incondicional a los deseos de su amo.

Por naturaleza el hombre es esclavo del pecado y su fin es la muerte. El pecado es un amo terrible, implacable, perverso, injusto, etc. Poco a poco va destruyendo a sus esclavos. Paso a paso va enajenando sus mentes y eliminando toda posibilidad de reacción. Cada esclavo del pecado tiene como destino, irremediablemente, la muerte eterna.

Pero, cuando ese hombre, que por naturaleza es esclavo del pecado, es objeto de la obra SOBRENATURAL de Dios y reconociendo su condición, RENUNCIA al pecado, RINDE su vida al Señor Jesucristo y compromete SU OBEDIENCIA incondicional a él, entonces es VERDADERAMENTE LIBRE. Libre, pero libre para SERVIR. Libre de la esclavitud del pecado, esclavo de la justicia. Ahora se SOMETE alegremente a su nuevo AMO, el Señor Jesucristo. Un amo misericordioso, justo, bueno, amoroso, etc. Poco a poco va transformando la vida de SUS SIERVOS. Toma de la mano a sus siervos y los conduce, paso a paso, a la vida eterna.

 

Toda la obra de liberación del pecado, como la del traslado al Reino de su Amado Hijo, le pertenece a Aquel que habita en la luz inaccesible, al ÚNICO Y SABIO DIOS SEA LA GLORIA AHORA Y POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. Amen.

doulos

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