La Seducción de Las Sectas "Antares de la Luz"

El Fenómeno Sectario 2

Introducción a la apologética, archivo de audio

Introducción a las Sectas

Sectas
Sectas

                                     Sectas falsas

 

 

INTRODUCCIÓN GENERAL



Definición

 

El apelativo secta ha contado con acepciones diversas a lo largo de los tiempos. Para un judío de la época de Jesús su contenido no era peyorativo en absoluto. Simplemente hacía referencia a las divisiones internas dentro del judaísmo en fariseos y saduceos (también en zelotes y esenios, aunque esto es objeto de mayor controversia). Secta tenía entonces un significado muy parecido al de su etimología, que procede del latín secare (cortar). Era una de las partes en que estaba "cortado" el judaísmo. En este sentido, el cristianismo era inicialmente una secta judía, caracterizada por su creencia en que Jesús de Nazaret era el Mesías.
Posteriormente, y en lógico paralelismo con la aparición de las herejías, el apelativo empezó a destinarse no sólo a los que profesaban creencias diferentes, sino que también desgarraban, "cortaban" con ello la unidad de la Iglesia, que en el cristianismo resultó un concepto mucho más importante que en el judaísmo. No es difícil percatarse de que, a partir de entonces, el término va adquiriendo un cariz negativo, que ya está plenamente implantado durante la Edad Media (tomado del libro “la sicología de las sectas” de Cesar Vidal Manzanares, publicado en internet)

En términos simples, y en el plano doctrinal, se podría definir como cualquier desviación mayor del cristianismo bíblico y de sus doctrinas fundamentales (Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, salvación por fe, etc.).

 

Características de una secta

 

1. Estructura piramidal. La secta ha de tener una organización que podríamos dividir en cúspide

absoluta (el cuerpo gobernante, generalmente colectivo, aunque con una figura sobresaliente), mandos intermedios y adeptos-tipo. Naturalmente, se trata de una simplificación. De manera general, la secta presenta una estratificación que permite un control riguroso de los escalones inferiores.

2. Sumisión incondicional al dirigente. En el interior de la pirámide la norma absoluta es la sumisión sin paliativos a la cúspide. En buen número de casos, ésta pretende haber recibido una inspiración de Dios (Ellen White, Joseph Smith, Moon, etc.), ser la única intérprete válida de la revelación (la Watchtower, el Magisterio de la Iglesia Católica), o haber descubierto algo nuevo.
3. Anulación de la crítica interna. Lógicamente, la secta ahoga cualquier posibilidad de crítica interna hasta niveles difícilmente concebibles para el que no conoce el tema. No cabe otra posibilidad. Millares de adventistas y Testigos de Jehová hubieran dejado de ser adeptos al no llegar el fin del mundo cuando lo profetizó su secta, centenares de siervos de la Iglesia de la Cienciología hubieran repudiado sus métodos pseudo científicos. Si no sucede así es porque se trastorna la capacidad del adepto para leer críticamente, y posteriormente se le limita o impide totalmente acceder a fuentes de información contrarias a la secta. Esta incapacidad de analizar críticamente lo que sucede en el interior de la secta (no digamos ya de manifestarlo o de publicarlo) lleva a la secta a presionar constantemente al adepto mediante refinadas formas de control mental.
4. Persecución de objetivos económicos y/o políticos enmascarados bajo una ideología de tipo filosófico o religioso. Ejemplo, el poder económico que evidencian los Católicos Romanos, los mormones, los adventistas, etc.
5. Instrumentalización de los adeptos en orden a obtener los fines de la secta. Es decir se utiliza a las personas de la secta para lograr los fines que se han propuesto (tomado y adaptado del libro de Cesar Vidal Manzanares).

 

Las sectas se nutren de la necesidad de las personas

 

1. La necesidad de amor. La gente desea amar y ser amada y está buscando personas y un lugar que satisfaga dicha necesidad legítima. Lamentablemente muchas veces esto no lo encuentran en nuestras iglesias, por ello son fácil presa de las sectas que ofrecen una “apariencia” de amor. Son atraídas por la constante preocupación de sus dirigentes, un excelente trato, una amable sonrisa, ayuda económica o social, etc. Pero sabemos que el verdadero amor es el que encontramos cuando establecemos una relación personal con Dios en la persona de nuestro Señor Jesucristo (1 Jn. 4:9). Sólo entonces estamos capacitados para amarnos los unos a los otros “Si Dios nos amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn. 4:11). Probablemente este mandamiento es el que como creyentes hemos descuidado, por ello la proliferación de las sectas.

2. La necesidad de identidad. Las sectas ofrecen a las personas una identidad claramente distintiva. Es fácil identificar a un Mormón, un Adventista o un Testigo de Jehová. Las sectas hacen énfasis en formas de vestir, alimentación, rituales religiosos, etc. Y todas estas cosas dan la impresión a las personas que las practican que son “señales” de identidad espiritual y exclusiva de aquellos que poseen la verdad.

Sin embargo sabemos que la verdadera identidad del hombre es descubierta cuando conoce, ama y sirve a su creador. “Mirad cual amor nos ha dado el padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Jn. 3:1), Esta es la verdadera identidad del cristiano, el amor con el que Dios nos hizo sus hijos. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Jn. 3:3) La santidad es también un signo que debe identificar al creyente.

3. La necesidad de respuestas ante interrogantes trascendentales. Preguntas tales como ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? son naturales en todo ser humano. La necesidad de encontrar sentido significado y propósito en la vida viene con cada ser humano. Las sectas ofrecen respuestas a todas estas preguntas, pero en una forma sesgada y engañosa. Estos grupos ofrecen a las personas la revelación de una “verdad” que dará sentido a sus vidas, pero por supuesto esta verdad es exclusiva de la secta en cuestión.

Que diferente, sencillas y gloriosas son las respuestas de la Biblia “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32) ¿Qué verdad? “Jesus le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6). Entonces, conociendo a Cristo en una forma personal conocemos la verdad que da sentido a nuestra vida. Dicha verdad responde a todas nuestras inquietudes, ¿Quiénes somos?. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios...” (1 P. 2:9ª) Somos la descendencia espiritual de nuestro Dios que nos engendró por su Palabra y la obra del Espíritu Santo. Somos sacerdotes del Rey de reyes y como tales tenemos el privilegio de acercarnos a él confiadamente e interceder por otros. Somos una nación especial, con una constitución especial, La Biblia, con una autoridad trascendental, Dios, una función fundamental, predicar el evangelio, y un testimonio ejemplar, la santidad de vida. Somos un pueblo comprado por la sangre de nuestro Señor Jesucristo, pertenecemos a él  y le servimos a él.

¿De dónde venimos? La Biblia también da respuesta clara y contundente a esta pregunta: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7). Dios nos creó de una parte material (cuerpo) relacionada con la tierra, y de una parte inmaterial relacionada con el cielo. El cuerpo del hombre es creación de Dios mientras que su alma la imagen de Dios. Con ello se responde a nuestra pregunta, venimos de Dios, por tanto sólo cuando lo conocemos y establecemos una relación personal con él, nuestra naturaleza espiritual queda plenamente satisfecha. Luego, ¿a dónde vamos? esto depende directamente de la respuesta que cada persona de a la maravillosa invitación de Jesús “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). “El que en él (Cristo) cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado” (Jn. 3:18ª).

 

Algunos conceptos doctrinales de las sectas

 

1. El primer elemento es la negación de un destino escatológico de castigo ultraterreno. Dicho en otras palabras: la secta, por sistema, no cree en el infierno.
Tal convicción, que obliga (aunque sólo sea por cierto temor) al planteamiento de preguntas trascendentales, es negada de plano por las sectas y sustituida por respuestas diversas: en los adventistas y los Testigos de Jehová nos encontramos con el aniquilacionismo; en los mormones y los mooníes, con un estado etéreo post mortem que es diferente, desde luego, del infierno; en las sectas orientalistas aparece el concepto de reencarnación. En el Catolicismo Romano se agregan los conceptos de “el Purgatorio”y “el Limbo”. O simplemente se elimina la idea de un lugar de castigo eterno, más allá de la muerte. Esto último según la declaración del papa Juan Pablo II recientemente.
2. En segundo lugar, se produce una tergiversación del concepto de Revelación, introduciendo factores propios de las sectas. La revelación de Dios para los mormones es algo más ligado a las obras de Joseph Smith que a la Biblia; lo mismo sucede con los adventistas, donde los escritos de la señora White reciben la categoría de obras inspiradas por Dios. En cuanto a los Testigos de Jehová, resulta obvio que lo que aparece en la Atalaya y el Despertad tiene carácter dogmático (de ley), aunque no se le reconozca formalmente el mismo; y lo propio podría decirse de los escritos de Moon.
Se ha producido con esto un cambio radical en el concepto de aquello a lo que puede acudir el hombre para encontrar respuestas a sus inquietudes espirituales más íntimas. Con ello se abre paso a la idea de una nueva Revelación, cuyo origen en la mayoría de los casos apenas supera al siglo en lo que a existencia se refiere.

Lo más común entre las sectas son sus métodos de torcer las Escrituras. Algunos de los errores que cometen al interpretar la Biblia son: 1) Tomar una Escritura fuera de contexto; 2) "extraer" de las Escrituras cosas que realmente no están allí; 3) seleccionar solamente aquellas Escrituras que parecen apoyar lo que desean probar; 4) ignorar otras interpretaciones o explicaciones de las mismas Escrituras; 5) citar versículos sin dar la correspondiente cita bíblica; 6) combinar Escrituras que no tienen relación unas con otras; 7) definir incorrecta o parcialmente palabras claves para la interpretación; y 8) traducir defectuosamente las Escrituras. Estas no son sino algunas de las muchas formas en que las sectas abusan de la Biblia.
3. En Tercer lugar, la secta presenta un análisis antropológico (concepto del hombre) absolutamente distinto. Una persona no se enfrentará igual con su existencia si piensa que es una criatura de Dios que si profesa ser fruto del azar evolutivo. No encarará los problemas derivados de la responsabilidad moral de la misma manera si pretende que es sólo fruto del determinismo biológico que si es consciente de su libre albedrío.
La secta necesita dar una imagen antropológica diferente si desea dar respuestas diferentes. Para adventistas y Testigos de Jehová el hombre no posee un alma inmortal, sino que es semejante antropológicamente a los animales. Para los mormones el hombre es un dios encarnado. Para las religiones orientales se trata de un alma presta a encarnarse en cualquier ser.
4. En cuarto lugar, la secta tiene un interés especial por relativizar la persona de Jesús el Mesías. Guste o no reconocerlo, lo cierto es que la figura de Jesús tiene un peso incomparable en la historia universal. Tanto es así que se convierte en obligado punto de referencia (a favor o en contra) de cualquier ideología con pretensiones de absolutismo. Esta realidad es reconocida indirectamente por las sectas en la forma en que refieren su mensaje a Jesús.
Por un lado, nos hallamos ante aquellas en las que la figura de Jesús es objeto de un cierto reconocimiento, pero alterando su obra y personalidad. Para los Testigos de Jehová, por ejemplo, Cristo no es la segunda persona de la Trinidad, sino "la primera creación de Dios", "inferior a Dios", "el arcángel Miguel" y "un dios". Para los mormones no sólo queda alterada la figura de Jesús, sino que, además, se modifica su historia, puesto que no ascendió a los cielos sin antes visitar América y dejar allí constancia de su revelación especial para aquel continente. Para lo mooníes, Cristo tampoco puede ser la segunda persona de la Trinidad (una doctrina en la que tampoco creen) y, además, señalan con clara convicción que Jesús fracasó en su misión mesiánica precisamente porque no recibió el apoyo de Juan el Bautista. La humanidad descansa en la esperanza de que el nuevo mesías, Sun Myung Moon, llegue a triunfar donde fracasó Cristo. Aparentemente, los adventistas mantienen un punto de vista acerca de Cristo que se podría calificar de ortodoxo (verdadero). Afirmar eso sería, sin embargo, una superficialidad. Lo cierto es que, por un lado, los adventistas relativizan la revelación de Cristo al añadirle la de Ellen White, "segunda Juan el Bautista", y, por otro, dejan en entredicho el valor redentor de la obra de la cruz al insistir en que la redención de Cristo se produce en tres fases (las dos últimas, por supuesto, en conexión con la secta).  
5. Mucho nos tememos, sin embargo, que el hombre que accede a una secta en busca de respuestas se enfrente además con una quinta característica: su variabilidad. A diferencia de un cristianismo que hunde sus raíces en la enseñanza apostólica del siglo I de nuestra era, las sectas han alterado, alteran y alterarán sus enseñanzas al son de sus conveniencias. No se trata sólo de la novedad de la revelación (problema no pequeño, a nuestro juicio), sino del hecho de que ésta experimenta cambios no pequeños. Los adventistas "descubren" que Cristo no concluyó la misión redentora en el Calvario; los testigos de Jehová (como también los adventistas) reforman su cronología para dar más fechas relativas al fin del mundo; los mormones modifican sus doctrinas "inspiradas" sobre los negros y la poligamia, etc. De no ser por la presión psicológica constante que ejercen sobre sus miembros, cuesta trabajo creer que puedan mantener a éstos tranquilos en medio de tanto vaivén doctrinal.

 

El modo de trabajo de las sectas

 

1. Ganan sus adeptos de las iglesias. Generalmente buscan a las personas de las iglesias que, en algunos casos son sólo “creyentes nominales”. Que por su condición se sienten desilusionadas con el cristianismo y creen que sus necesidades no han sido satisfechas completamente.

2. Interpretan y enfatizan mal la Palabra de Dios. Las sectas más peligrosas no están en contra de la Biblia, más bien sostienen que la “descubren”. Para lograr esto se requiere de un cierto tipo de intérprete versado en la materia que le muestre el camino (Ellen de White, Carlos Russell o el Cuerpo Gobernante, Jose Smith, el Papa, etc.).

3. Introducen errores doctrinales fundamentales. Esto es, probablemente, lo más peligroso. Los conceptos de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, del hombre, de la salvación, etc. Son absolutamente tergiversados y enseñados engañosamente.